La Casa de la Estación, alojamiento de turismo rural

 

 

 

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La Casa de la Estación.

La Casa de la Estación está ubicada en la localidad de la Estación de Mora de Rubielos perteneciente, pese al nombre, a Albentosa, en la provincia de Teruel y justo en el centro de las comarcas de Gúdar y Javalambre.
Una pequeña población que poco a poco se salva de la desaparición pero que dista mucho de ser lo que fue a primeros de siglo, cuando contaba con más de 200 habitantes .
Nacido "entre vías", surge al amparo de la Vía Minera de Ojos Negros por un lado, y hoy reconvertida en la Vía Verde más larga de la península, y por otro lado el ferrocarril central de Aragón, hoy también luchando por sobrevivir y que permite la comunicación con Teruel-Zaragoza por un lado y Sagunto-Valencia en dirección Sur y que, con sus escasos 6 trenes, nos recuerdan las horas y la cercanía de otras poblaciones y gentes.


La Estación de Mora, respira esa tranquilidad de los pueblos pequeños, donde el reloj sobra. La agricultura es su principal actividad, y en estos últimos tiempos, el cultivo de encinas, para la obtención de trufa, lo cual nos da un paisaje, ahora poblado de pequeños arbolitos, casi inapreciables en algunos puntos recién reforestados y en otros ya arbustos formados, que en un futuro próximo nos rodearán con bosques de lo que llamamos "carrascas".


La estación en sí, ahora es un apeadero, quedando en desuso el antiguo edificio. Tenemos la suerte que aún paren los tres trenes para ir a Teruel y a Valencia. Un encanto añadido que trae gente de la comarca para sus desplazamientos y que nos proporciona un complemento ideal para los amantes de la Vía Verde y la Bicicleta.


La Estación de Mora es un lugar ideal para pasear y disfrutar de la naturaleza turolense, con múltiples paisajes y sensaciones.
Por las tardes, subir al Alto del Royal para apreciar las puestas de sol sobre Javalambre, con esos incomparables atardeceres con infinidad de colores que tiene Teruel.
Un paseo por la Vía Verde hasta el río, cruzando el túnel y el puente de Albentosa. O bien visitar el pueblo con sus restos del castillo Templario y algún tramo de una antiquísima Vía Romana.
Todas las épocas tienen su encanto especial. En
verano, el río Mijares, nos proporciona lugares donde aún es posible el baño en parajes sombreados por la frondosidad de los chopos. En invierno, la cercanía de los paisajes nevados y las estaciones de esquí de Javalambre y Valdelinares, se convierte en un lugar perfecto para la práctica del deporte blanco.
Otra momento ideal es el
otoño, donde por los bosques próximos podemos disfrutar de la recogida de hongos y setas a la vez que pasear entre esos aromas que los pinos nos proporcionan en esos días templados. En primavera, los almendros, cuando el campo estalla en esa multitud de colores que contrasta con ese rojo de la tierra turolense.

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La Casa de la Estación es una masada de finalidad agrícola y cuya fecha de levantamiento se pierde allá por los principios del siglo XIX.
Recientemente restaurada, dispone de seis habitaciones en la casa y de un amplio salón, "El Refugio", con todas las comodidades que los tiempos nos exigen, pero manteniendo ese encanto que solo poseen las antiguas casas de labranza.
Aún se pueden apreciar signos de aquella época, así como herramientas, aperos, muebles y otros útiles rescatados en la restauración de la misma.
La chimenea, es el lugar de reunión del salón, donde puedes pasar un rato de lectura, de charla o de animada conversación con tus amigos, al calor del fuego.
Las habitaciones, cuentan con una gran amplitud, permitiendo en algunas instalar hasta una familia con dos niños. Todas ellas, exteriores, con baño y calefacción central.
La construcción exterior es sobria pero con el lujo del espacio. Una amplia terraza encarada al levante donde poder disfrutar del sol del invierno o acogerse a la sombra de la parra en verano y que es el lugar preferido de los niños para sus juegos. Actualmente arbolada con especies autóctonas en su mayor parte, que la convierten en la zona ajardinada de la casa y en la cual, los meses más cálidos nos permiten esas veladas en el fresco de la noche contemplando una infinidad de estrellas inapreciables en otros lugres.
En la Casa de la Estación, podemos disfrutar de ese ambiente rural difícil de encontrar en otros lugares y con esa tranquilidad y encuentro con la naturaleza que le proporciona su aislamiento en el campo, pero también hay lugar para las emociones. Así, los deportes de aventura y aire libre son nuestra especialidad: rutas en todo-terreno y bicicleta, senderismo, escalada, rapel, orientación, esquí y sobre todo parapente y que podemos practicar, en lugares perfectos y a no más de 10 minutos andando.
Y tampoco estamos tan aislados como parece.
La autovía Mudéjar nos acerca en breve espacio de tiempo a cualquiera de los lugares más emblemáticos de la comarca.
Teruel con Dinópolis y el Mudéjar a 20 minutos de autovía.
Valencia y sus playas a 50 minutos.
Las estaciones de esquí en 25 minutos y un gran número de pueblos y rincones de las comarcas de Javalambre, Gúdar y Maestrazgo que harán que tu estancia siempre te sea corta.

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Historia de
La Casa de la Estación.

La Casa de la Estación constaba en sus orígenes, de vivienda, corrales, pajar, era, aljibe y una extensión de 18 hectáreas de terreno agrícola en sus alrededores. No había concesión a las ornamentaciones, como exigía la dura vida en el campo, aunque se procuraba la mayor comodidad y funcionalidad posible.
Con anterioridad, dispuso de tres chimeneas, horno y el aljibe mencionado con capacidad suficiente para resistir los veranos más secos, propios de la zona, tanto para los habitantes como para los animales, hasta que en el año 1965 el ayuntamiento de Albentosa instaló la red de abastecimiento con agua del espléndido y cercano manantial de la Escaleruela.
Los muros son de piedra, de generoso grosor, lo que hace que la temperatura permanezca constante prácticamente en todas las estaciones. Aunque sólo en los alrededores de las ventanas se pueden apreciar sillares labrados. Estos posiblemente se sacaron de la cantera situada a los pies de la casa, al igual que el barro que, en su día, rellenó los tejados.
La confección de éstos es, a la vez que curiosa, es extremadamente práctica. Con cubierta de la típica teja árabe de barro cocido y realizada a mano, poseía bajo ésta, una estructura de vigas de madera de la zona, bien sean chopos, pinos o en algunas zonas las codiciadas y escasas sabinas. Esta se cubre con un enrejado de cañas que cosidas entre sí con cuerda de cáñamo, soportan una capa impermeable de arcilla y una capa de la carbonilla que desechaban los trenes de vapor, material que a la vez que es un aislante térmico y acústico excelente, es de una gran ligereza, igualando a materiales mucho más técnicos de la actualidad.
La distribución original era la típica de las casas de campo, con una planta a ras de calle con dos amplias puertas. Estas daban paso a una zona de alojamiento de los animales, que a su vez le daban calor a la casa.
La escalera, de suelo de granito, daba acceso a una primera planta con dos ventanas o balconcillos, donde se ubicaban las habitaciones.
Los exteriores de la casa también están marcados por la naturaleza de la misma. Allí podemos ver los que antes eran los corrales para el resto del ganado y también la era y el pajar, adosado al barranco y en la zona baja para facilitar el almacenado de la paja desde la zona de trilla y su posterior utilización como si fuera una tolva.


En los años de la Guerra Civil Española, el frente estuvo rondando en varias ocasiones la comarca. De hecho sufrió serios desperfectos que la llevaron a su restauración casi completa.
La reforma se realiza en 1949, pues así nos lo indicaba la fecha de uno de los pilares. Hasta entonces fue cuartel, que vigilaba la vía férrea de los ataques de los "Maquis". De esta época tan turbulenta nos quedan innumerables restos que han aparecido al realizar la última restauración, como casquillos e incluso balas enteras, cubiertos de campaña, restos de un obús y la espoleta de otro ya explotados, utensilios de uso cotidiano, una caja de bombas de artillería vacía en perfecto estado, etc.
La Casa cambió de propietarios después del conflicto y, a la vez que renovaban y reparaban, le realizaron importantes reformas. La más destacada es la incorporación de una nueva planta sobre la base primitiva.

Se suben los laterales de la casa y se incrementa un piso más, se sacan los animales a los corrales exteriores y se crea una buhardilla en la parte superior.
Se convierte entonces en una carnicería y un secadero de embutidos y jamones, con una sala especial para el preparado de los mismos, con prensa, saladero y secadero, a la vez que uno de las estancias con chimenea hace de lugar para ahumar los embutidos y las salazones.

La Casa de la Estación, alojamiento de turismo rural antes de la reforma  

Diciembre 2001, Así la encontramos...


En los años 60 vino la despoblación y la migración del campo a la ciudad, y después de varios años prácticamente sin habitar, tomamos el relevo nosotros. Acondicionándola para la realización de turismo rural, pero intentando mantener los antiguos materiales y rasgos de la casa, y su personalidad agrícola de antaño, aunque con las comodidades actuales. A la vez procuramos realizar las reformas con todo el respeto al medio, utilizando materiales lo más naturales y sanos posibles e intentando restaurar y reciclar al máximo.

Esta reforma nos lleva dos años largos de obras, y en ella hemos sido toda la clase de oficios: albañiles, yesaires, electricistas, fontaneros, carpinteros, gestores... prácticamente de todo, y además AUTODIDACTAS. Y gracias a la ayuda de diversos amigos que nos han iniciado en los distintos oficios, hemos llevado a buen fin este proyecto.
Después de la demolición y realización de los distintos servicios, se volvió a redistribuir ambas plantas para su nuevo cometido. Ahora se dispone de seis habitaciones muy amplias, exteriores y muy bien iluminadas, todas ellas con cuartos de baño más que generosos en su interior.
Equipamiento como calefacción, suelo de madera de pino, armarios empotrados y forrados con madera de roble, vigas de madera, conexión a internet mediante Wifi, complementan ese lujo que es el espacio. En el exterior hemos recuperado antiguos ribazos hundidos, creciendo la explanada de la casa, y a la vez se comienzan los trabajos de jardinería.

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Julio 2004. Ya va tomando forma...


Los antiguos corrales, aún mantienen su aspecto antiguo de construcción de madera y piedra pero ahora son un enorme salón donde podremos reunirnos. Allí se puede ver la boca del aljibe, que una vez limpio y restaurado nos permite recuperar el agua de lluvia y asegurar el riego de la zona ajardinada prácticamente toda la época estival.
En los campos de cultivo aledaños, se empiezan a ver los retoños de las pequeñas encinas. Hemos optado por los cultivos más apropiados para la zona como son las carrascas truferas. Ahora, pequeños arbustos que en un futuro nos darán un paisaje arbolado y los cotizados hongos llamados trufas, excelente condimento para innumerables platos, producto autóctono desde hace muchísimo tiempo y que podrás degustar en nuestro restaurante.
Aun quedan muchos más secretos en la casa, como zonas ideales para la práctica de distintos deportes de aire libre, como la Vía Verde de Ojos Negros que no es sino un extenso recorrido de casi 200 km de longitud acondicionado para la práctica de la bicicleta de montaña, senderismo y la equitación. Rutas de grandes y pequeños recorridos (GR y PR), escalada, puenting, rappel, esquí puesto que estamos entre las dos estaciones turolenses y a no más de 45 minutos en coche de la más lejana. Y nuestro favorito, el parapente, pudiéndolo practicar dentro de la misma finca en dos pequeñas laderas o a no más de 10 minutos a pie desde la casa.

Y no descubrimos más... pero queda, y tendrás que venir para conocerlo por ti mism@

Te esperamos.




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